En las vitrinas de las tiendas especializadas de Hong Kong puede encontrarse un producto más valioso que el oro, expuesto como si fuera una joya de diamantes. Se trata de un gusano parasitado por un hongo, el yartsa-gunbu o yarsagumba, en lenguaje tibetano: «hierba de verano, gusano de invierno».
«Una planta medicinal que remedia casi todas las enfermedades, el elíxir de la eterna juventud, un potente afrodisíaco natural, la píldora de la vitalidad.»
De su comercio dependen centenares de miles de personas –hombres, mujeres y niños– y genera varios miles de millones de euros de ingresos en un solo año.
El hongo-oruga es una larva de la polilla fantasma infectada bajo tierra por esporas del hongo Ophiocordyceps Sinensis, conocido como cordyceps a secas, que la parasita y devora su cuerpo hasta dejarla en el exoesqueleto. Cuando llega la primavera, en los fértiles prados altos de la meseta del Tíbet y algunas áreas de la cordillera del Himalaya, a 5.000 mts. de altura, entre la hierba brota un pequeño tallo de color parduzco, conocido como estroma, que sale a la luz desde la cabeza de la oruga. Cualquier intento de cultivo por parte del hombre ha fracasado hasta el momento.